La revista más leída por las familias católicas de España

La revista más leída por las familias católicas de España

Munilla: “El influjo de la mundanidad es muy grande, o somos resistentes o claudicantes”

A José Ignacio Munilla le enseñaron desde niño a nadar a contracorriente. Y a buen seguro este obispo vasco no se ha ahogado en el intento. Más bien al contrario, ha logrado remontar peligrosas corrientes y grandes obstáculos en su vida sacerdotal y episcopal. Recuerda que su padre le enseñaba que lo más importante es ser santo. “A mí me quedó muy clarito este mensaje”, explica a Misión.

Por Javier Lozano
Fotografía: Cortesía del Obispado de Orihuela-Alicante

Artículo publicado en la edición número 71 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Monseñor José Ignacio Munilla (San Sebastián, 1961) es obispo de Orihuela-Alicante desde 2022, pero su feligresía es mucho más amplia de lo que marcan los límites de su diócesis. Pionero de la evangelización en internet y a través de otros medios de comunicación, su “parroquia digital” no tiene nada que envidiar a cualquier parroquia española de las que se mantienen muy activas. A través de su programa Sexto Continente en Radio María, su web enticonfio.org, su popular canal de YouTube y de sus ­distintas redes sociales se ha convertido en un referente para miles de personas que han encontrado en sus palabras una sana formación, consuelo y ayuda para hacer un análisis valiente y lleno de discernimiento sobre lo que pasa en el mundo y en el seno de la Iglesia.

No habla ni predica de oídas, sino que ha experimentado en buena medida en sus carnes lo que implica ser fiel al Evangelio. Nacido en el seno de una familia piadosa, don José Ignacio creció en los años en los que el terrorismo de ETA hizo estragos y además en un barrio en el que pudo palpar de primera mano grandes sufrimientos. Esto marcaría su vida sacerdotal y luego episcopal. Fue nombrado en 2009 obispo de San Sebastián, su diócesis natal, donde tuvo que experimentar el rechazo de parte de su feligresía y presbiterio. Pero las enseñanzas de sus padres le han acompañado toda su vida, y esto lo sigue guiando para hablar sin miedo y con la verdad sobre las realidades que más inquietan a los católicos hoy en día.  Así queda patente en esta entrevista con Misión.

¿Qué tal se ha adaptado un guipuzcoano como usted al Mediterráneo?
Muchas veces me acuerdo del pasaje evangélico que dice aquello de “pon la mano en el arado y no mires atrás”. La vida es tan intensa que ni siquiera hay tiempo para nostalgias. Puedo decir que he sido feliz en cada destino. La clave está en entregarse a lo que tienes delante, sin más expectativa que la de florecer donde Dios te ha plantado.

¿Cómo vivió la fe en su infancia?
Se me trasmitió con sencillez, alegría y coherencia. Mis padres no tenían una cultura especial, pero sí mucho sentido común y capacidad crítica ante la deriva que estaba tomando la sociedad. Nuestro padre añadía todas las noches un Padrenuestro al Rosario rezado en familia, con la siguiente petición: “Para que toda la familia nos juntemos en el Cielo”. A mí me quedó muy clarito el mensaje.

La madre de monseñor Munilla, Josefa Ignacia, nacida en un caserío cerca de Loyola, fue quien le transmitió su amor a san Ignacio.

La madre de monseñor Munilla, Josefa Ignacia, nacida en un caserío cerca de Loyola, fue quien le transmitió su amor a san Ignacio.

Creció en los años duros de ETA, ¿cómo le influyó?
Recuerdo cómo se extendía la popularidad de ETA en muchos sectores de la sociedad, especialmente entre los jóvenes. El daño del terrorismo no se limitó a las víctimas de sus atentados, sino que engañó y emponzoñó el alma de cientos de miles de ciudadanos. Se había logrado falsear completamente el relato de la historia, sembrando el odio en los corazones. Afortunadamente, nuestros padres nos ayudaron a tener capacidad crítica y a saber remar a contracorriente.

Además, vivía en Intxaurrondo, donde tanto ha sufrido la Guardia Civil…
¡Quién me iba a decir a mí que un día sería obispo de San Sebastián, y que celebraría en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo la Santa Misa por el eterno descanso de los 100 guardias civiles asesinados por ETA en esa comandancia!

San Ignacio es el guipuzcoano más universal. ¿Cómo le ha marcado?
Nuestra madre nació en un caserío cercano a Loyola; y, por cierto, se llamaba Josefa Ignacia. Lo mío con San Ignacio venía de fábrica, como se dice popularmente. Poco a poco, empezó a pesar más en mí el san Ignacio maestro espiritual, por encima del patrono de los guipuzcoanos. Sus ejercicios espirituales han sido el lugar clave para mi encuentro con Jesucristo.

¿En qué momento le dijo sí cuando le pidió ser sacerdote?
Precisamente, al finalizar unos ejercicios espirituales, cuando estaba a punto de cumplir 17 años. El sacerdote tuvo la idea de poner un brasero con carbones ardiendo frente al altar, y nos invitó a los asistentes a que escribiésemos en un papel nuestros compromisos de vida. Cada uno se levantaba y quemaba el papel en el brasero. Me quedé el último, firmé con mi nombre el papel en blanco, y le dije a Jesús: “Escribe lo que quieras, que a mí no se me ocurre”. El caso es que aquella noche, ya en casa, me vino a la mente, por primera vez en mi vida, la idea de ser sacerdote. Me vino con tal fuerza que tuve que rendirme.

Monseñor  Munilla es un amante de la montaña. Con su hermano Esteban ha realizado largos paseos

Monseñor Munilla es un amante de la montaña. Con su hermano Esteban ha realizado largos paseos por la naturaleza.

Su hermano Esteban también es sacerdote…
Ha sido y es un regalo inmenso en mi vida. Nos ayudamos muy estrechamente en Guipúzcoa: peregrinaciones, ejercicios, campamentos, etc. Más tarde, fue director de Radio María en España y me introdujo en el apostolado radiofónico que tanto ha marcado mi vida. Las nuevas tecnologías nos han dado la posibilidad de realizar muchas colaboraciones.

Y también tiene una hermana.
Nuestra hermana menor, Ana Rosa, forma parte importante de la “ecuación” de la marca “Munilla” al servicio de la evangelización (risas). Somos un trío inseparable, a pesar de la distancia kilométrica.

Decidió formarse en Toledo, no en su tierra. ¿Por qué?
La providencia quiso que se conjugase la figura de don Jacinto Argaya, como obispo de San Sebastián, quien me animó a salir de Guipúzcoa, con la de don Marcelo González, arzobispo cardenal de Toledo, que fue a quien acudí, encontrando allí las puertas abiertas. La formación que recibí en Toledo, además de los compañeros con los que me “hermané” para siempre, fueron algo definitivo en mi vida. Me parece significativo que 21 compañeros de aquel seminario fuimos consagrados obispos posteriormente. Los años de oro de mi vida los viví en aquel seminario.

¿Qué supusieron los 20 años como sacerdote en Zumárraga?
Fueron claves para forjar mi alma sacerdotal. Recuerdo especialmente la ayuda a los jóvenes heroinómanos, que eran muy numerosos en la comarca. Fueron más de cien los que ingresaron en el Proyecto Hombre; y como no existían en aquel momento los retrovirales, la inmensa mayoría murieron. El acompañamiento hasta el final de aquellos jóvenes forjó mi alma.

¿Cómo vivió la situación de rechazo y de injusticia cuando volvió a San Sebastián como obispo?
Dios me dio la gracia de vivirlo sin perder la paz. La Iglesia sabía que la decisión de mi nombramiento no era sencilla. Si la Santa Sede asumía el reto, pues yo también. Después de los chaparrones viene la vida real. Y lo cierto es que he sido testigo de cómo se puede trabajar codo a codo con quienes aman al Señor y están dispuestos a servir a la Iglesia, por encima de las ideologías.

Usted es el obispo referente en la evangelización por radio e internet. ¿De dónde le vino esa intuición?
No fue un plan que yo trazase. Me limité a responder a las propuestas y retos que se presentaban. Mi hermano tuvo una parte importante en todo ello. Cada paso que daba me preparaba para el siguiente. Comencé colaborando con El Diario Vasco, luego con Radio María, y en las redes… Me marcó especialmente la expresión de Benedicto XVI de“evangelizar el continente digital”

Una de las patas de su misión digital es la formación. ¿Estamos los católicos poco formados en la fe?
El Catecismo promulgado por san Juan Pablo II en 1992, en medio de la extensión del relativismo y la secularización, es un auténtico milagro del Espíritu Santo. Era la respuesta adecuada ante la crisis postconciliar que tanto influjo tuvo y tiene en el seno de la propia Iglesia. Un laicado maduro es el que sabe alimentarse de las fuentes de la Revelación, por encima de las crisis de fe que puedan tener los sacerdotes o catequistas que le hayan tocado en suerte.

Otra pata de su trabajo incansable es el análisis de la actualidad. ¿Qué peligros nos acechan?
El peligro principal es el de ser fagocitados por el pensamiento único dominante. El influjo de la mundanidad es muy grande, como el propio Evangelio nos advierte: “No podéis servir a dos señores”. O somos resistentes, o somos claudicantes.

Siempre ha llamado a las cosas por su nombre. ¿No teme las críticas?
A nadie nos gusta ser criticado o difamado, pero estamos bajo el chantaje de la dictadura del relativismo: “Si no quieres problemas, no hables y pasa desapercibido”. Pero eso sería a costa de renunciar al mandato de Jesucristo de evangelizar. Yo me quedo con la cita de san Pablo: “Ay de mí si no evangelizara”.

¿Han calado estas nuevas ideologías en la Iglesia?
Es obvio. Por ejemplo, impresiona escuchar a cardenales de la Iglesia afirmar que nuestro objetivo no es invitar al mundo a convertirse a Jesucristo, sino generar espacios de encuentro interculturales.

¿Cómo ve la situación de la Iglesia?
La declaración Fiducia Supplicans ha generado una herida considerable en la comunión de la Iglesia. No habíamos visto una convulsión tan grande en la historia reciente de la Iglesia. Tenemos que orar intensamente por la unidad, ya que no estamos ante una cuestión puntual, sino que el problema es nuestra secularización interna.

Habla de un problema muy grave…
El dilema es: o cristianizar el mundo o mundanizar el cristianismo. Hoy vemos con claridad que, por desgracia, la crisis no se circunscribe al sínodo de la Iglesia alemana.

¿Está la verdad en crisis dentro de la Iglesia?
La verdad nos hace libres, pero al mismo tiempo es exigente. El gran engaño, la gran impostura, es pretender sustituir la verdad por el practicismo. Pero no nos engañemos: es un atajo que, pretendiendo liberarse de la cruz, no conduce a la meta que nos propone el Evangelio.

¿Qué debemos hacer los católicos?
Con el Evangelio en la mano: oración, ayuno y libertad evangélica.

¿Por qué eligió lema episcopal “En Vos confío”?
Esta gran “empresa” en la que estamos embarcados no es nuestra, es de Jesús. No debemos abordar la ­realidad con la angustia propia de quien piensa que todo depende de él. A mí me gusta repetir aquello de “Dios existe y no eres tú, ¡relájate!”. Es decir, confía en el Corazón de Cristo.

¿Cómo imagina el Cielo?
El Cielo es estar con el Señor. En esta vida ya estamos con Él, pero nuestra capacidad de disfrutarlo es muy limitada. Es gozar plenamente de la intimidad con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en la comunión de todos los santos.

¿De dónde saca fuerzas cada día?
No hay proporción alguna entre lo que la providencia me ha encomendado y mi fragilidad. Esto sólo se explica por la cantidad de personas que rezan por los pastores. Soy un privilegiado de esa oración y testigo de que Dios la escucha.

¿Han merecido la pena tantas ofensas y sufrimientos?
Por la gracia de Dios, no me cuesta perdonar las injurias. Siempre me ha ayudado a ello tener conciencia de que nuestra lucha es contra el demonio y contra nadie más. ¡Es importante no equivocarse de enemigo!

MUNILLA EN 10 PALABRAS
El obispo muestra con este test su faceta más personal:
Una oración. El Ofre­ci­mien­to de obras del Apostolado de la Oración.
Un santo. San José.
Una cita de la Escritura. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14).
Un lugar. La capilla de la conversión de San Ignacio en Loyola.
Un personaje. Jesús de Nazaret.
Un momento de su vida. El 29 de junio de 1986, día de mi ordenación sacerdotal.
Un acontecimiento. El jubileo del año 2000.
Una película. Little boy, de Eduardo Verástegui.
Un libro. Caminando por valles oscuros: Memorias de un jesuita en el Gulag (Arcaduz, 2015).
Una comida. Huevos fritos con chistorra.

¿Te ha gustado este artículo?

Para que disfrutes de más historias como esta

ARTÍCULOS RELACIONADOS

ARTICULOS DE INTERÉS

ARTICULOS DE INTERÉS

ÚLTIMA EDICIÓN

MARZO, ABRIL, MAYO 2024

MARZO, ABRIL, MAYO 2024