Por Marta Peñalver / Fotógrafo: Dani García
Rafa y Lara llevan casados ocho años y tienen tres hijos: Íñigo, de 7 años, Jacobo de 3 y Alejandra de 1. De Íñigo cuentan que es un niño supercariñoso, que va por el cole dando besos y pidiendo abrazos, que le encanta el fútbol y que siempre sonríe. Pero, sobre todo, que es capaz de sacar lo mejor de todo el mundo. “No hay nadie con el que nos crucemos que no lo mire y esboce una sonrisa. Es la alegría hecha niño”.
En el embarazo de Íñigo supieron que algo no iba bien, ¿qué les dijeron?
Rafa: Sí. En la semana 20 de embarazo fuimos al ginecólogo y nos dijo que Íñigo venía con problemas. Había tenido un infarto cerebral intrauterino y su cerebro no se estaba desarrollando bien porque acumulaba líquido. Nos lo comunicaron con muy poco tacto, y nos dijeron que no podían hacer nada, que nos fuéramos a otro hospital.

¿Cuál fue su primera reacción?
Rafa: Llegamos a casa y la sensación era la de habernos metido en un túnel oscuro, no veíamos la salida. Lara solo decía: “Y cuando nos muramos, ¿qué va a pasar? ¿Quién va a cuidar a un niño enfermo?”. Pero pronto vimos que había que cambiar el chip. Y empezamos a pedir oraciones a todo el mundo.
“Se lo pedimos a Alexia y la sangre se licuó, algo que es físicamente imposible”
¿Por qué se encomendaron a Alexia González-Barros?
Rafa: Dos semanas antes de la noticia, yo había estado viendo un documental sobre ella que me llamó mucho la atención. Entonces, con el diagnóstico, se me empezó a pasar por la cabeza pedirle que intercediera. Hasta que un día en misa ese pensamiento se volvió recurrente, como un taladro, que me decía: “Tienes que hablar de Alexia, tienes que dar a conocer a Alexia…”. Entonces salí de la misa y le dije a Lara: “Lo siento porque sé que no te gustan las redes sociales, pero creo que tenemos que hacer un grupo en Facebook e ir publicando historias sobre Alexia e Íñigo, para que la gente se acuerde de rezar” . Y así empecé a escribir un cuento cada día que le contaba Alexia a Íñigo.
¿Cómo dieron con el médico que les atendió esos meses?
Rafa: Fue el doctor Luis Chiva, un ginecólogo que estaba en ese momento levantando la Clínica de la Universidad de Navarra (CUN) en Madrid. Le pedimos si nos podía ver y aceptó, pero nos recomendó que llevaran nuestro caso desde la CUN de Pamplona.
Y ahí empezaron los favores de Alexia…
Rafa: Eso es. Para nosotros ir a Pamplona y seguir el embarazo en la CUN era inviable económicamente. Entonces recordamos que Lara se había hecho un seguro para la luna de miel que en ese momento pensaba que se podía cancelar, y resultó que la letra pequeña decía que había que mantenerlo por un año… Pues este seguro era uno de los pocos que trabajaba con la CUN. Ese día, en el que empezamos a ver la luz al final del túnel, coincidió que era el cumpleaños de Alexia.

Y Alexia siguió haciendo de las suyas…
Rafa: Sí. El doctor Chiva empezó a vernos cada semana en Madrid, pero ahora necesitábamos buscar alojamiento allí para el momento del parto, que sería en Pamplona, sin saber cuánto tiempo estaríamos. Así que fuimos a pedírselo a Alexia a su tumba y entonces me llegó un WhatsApp de una hermana mía con un mensaje reenviado: “Tenéis una habitación en el Hotel Tres Reyes para los padres de Íñigo hasta que puedan volver a casa”. Y allí estuvimos tres meses con todos los gastos pagados, lavandería, una furgoneta que nos llevaba y nos traía a la clínica… Para nosotros son nuestros ángeles de la guarda y rezamos por ellos todos los días.
¿Cómo fue el nacimiento de Íñigo?
Rafa: Íñigo nació en la semana 31. Tuvo algún problema al nacer, pero salió todo bien. Lo bautizamos allí mismo, en el hospital, y empezó un tiempo duro de operaciones complicadas…
Y volvió a hacerse presente Alexia…
Rafa: Sí. Un día que tenían que sacarle sangre a Íñigo y no lo conseguían. Le habían pinchado por todo el cuerpo y nada. Así que se lo pedimos a Alexia y por fin lo consiguieron. Pero la sangre se coaguló. Entonces la enfermera, en tono de broma, dice: “Bueno, niña, si vas a hacer un milagro lo haces hasta el final”. Y la sangre se licuó, algo que es físicamente imposible…

¿Cómo afectó esto a su matrimonio?
Lara: Nos afectó bastante, sobre todo porque teníamos dos maneras distintas de enfocarlo. Rafa se fiaba de Dios y estaba tranquilo, pero yo pedía el milagro. Sabía que todo formaba parte del plan de Dios, pero sentía que en parte él se estaba rindiendo.
Rafa: Yo había vivido varias circunstancias de sufrimiento y tenía claro que la cruz es por mi bien. Cuando llegó esta cruz tan grande, la viví casi como un regalo. A Lara le costaba entender que yo fuera optimista y eso nos hacía discutir mucho.
¿Una situación así puede llegar a romper un matrimonio?
Rafa: Sin duda. En ese momento descubrí el significado de la palabra “cónyuge”: dos que llevan el mismo yugo. Si cada uno tira en una dirección, se hacen daño. Tienen que ir en el mismo sentido.
¿Qué sentido tiene la vida de Íñigo?
Rafa: Los niños como Íñigo tienen la misión de rescatarnos. Al demonio no le gusta porque lo que más le interesa es que esa familia se rompa y una circunstancia así puede destruir una familia, pero también hacerla más fuerte.
¿Nunca dudaron de Dios?
Lara:La verdad es que no. Y mira que hubo veces en que entre nosotros no estábamos bien, pero siempre hemos confiado en Dios, en que todo esto formaba parte de su plan.
“Cuando cojo a Íñigo siento que estoy cargando la Cruz de Cristo”
¿Qué aporta Íñigo a su familia?
Rafa: Íñigo es una pieza fundamental en nuestra familia. Al principio no sabíamos qué hacer con él y ahora no sabemos qué haríamos sin él. Cuando los médicos nos explicaban lo que podía pasar se nos hacía cuesta arriba, pero luego todo se fue haciendo sencillo. No vemos un problema, vemos a nuestro hijo con sus cosas: su cama, sus gustos… Tenemos claro de que no seríamos lo que somos sin él, que nos ha enseñado a vivir el día a día, a tener paciencia, a confiar en Dios… Y para sus hermanos va a ser una enseñanza para toda la vida. Vivir así la cruz es meritorio…
Rafa: Todo el mundo tiene cruces. Nosotros somos unos privilegiados porque la nuestra es visible y eso permite que mucha gente rece y cargue la cruz con nosotros. Además, una cruz palpable es más fácil de reconocer. Cuando llevo a Íñigo en brazos siento que realmente cargo la Cruz de Cristo.
¿Se nota la oración?
Lara: Se nota. Ha habido momentos, durante las muchas operaciones de Íñigo, en los que no podíamos rezar. Estábamos exhaustos. Y, sin embargo, teníamos una paz que sólo puede venir de Dios. Y es que había muchísima gente rezando. Es la comunión de los santos, que existe de verdad.
Rescatados por Íñigo
“Un hijo como Íñigo es un regalo, pero claro, estos niños requieren mucha atención, material, terapias, apoyo… Así que hemos fundado Rescatadores, una asociación para ayudar a familias que, como nosotros, viven esta situación. El nombre hace referencia a cómo estos niños nos rescatan de vivir una vida egoísta y centrada en nosotros para vivirla en función de ellos y de sus necesidades”.
www.asociacionrescatadores.org
contacto@asociacionrescatadores.org
Artículo publicado en la edición número 75 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





