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¿Remedios? No ¡Re-medios!, por Enrique García-Máiquez

La noticia es escandalosa. Han retirado un libro de texto porque decía que dos métodos infalibles para prevenir las enfermedades de transmisión sexual son la abstinencia y la fidelidad. Escandalosa de ida, porque han retirado el libro por el escándalo que les produce esa afirmación; y escandalosa de vuelta, porque esa afirmación es verdadera, científica y prácticamente palpable. El escándalo de vuelta, que es el mío, se trifurca.

Por Enrique García-Máiquez / Ilustración: Julián Lorenzo

Artículo publicado en la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Lo primero que me escandaliza es la libertad de expresión cercenada. No se puede decir algo que escandaliza a unos, pero, si a otros nos escandalizan otras cosas, nos hemos de aguantar. En los métodos de prevenir las enfermedades de transmisión sexual los escándalos van por barrios y son estancos, pero unos sí pueden transmitirse libremente en los libros de texto y donde toque.

Lo segundo que me escandaliza es el poco respeto por la verdad, que a su vez se bifurca: se dicen mentirijillas, llamadas para disimular  “posverdades”, y se prohíbe decir verdades, a las que se las llama “escándalos”  para prohibirlas. La abstinencia y la fidelidad están reconocidas como medios de lucha contra las enfermedades sexuales por la ONU (que no es moco de pavo) y se han probado con éxito en países como Uganda.

El tercer escándalo mío es la escala de valores del personal, que renuncia e impone la renuncia de unos métodos eficaces porque no entran dentro de su concepción del hombre y del mundo. No lo hacen a mala idea, quiero pensar, pues entraríamos en el terreno del dolo y del Derecho Penal, casi. Lo hacen llevados de un subjetivismo extremo trufado de buenos sentimientos. Como ellos se consideran incapaces de la abstinencia o la fidelidad, abominan de unos métodos que se les antojan imposibles. De lo que se deduce que, paradójicamente, nada salpica tanto a los demás como el propio subjetivismo.

Pongamos, con todo, al mal tiempo buena cara. Con esta persecución furibunda, nos recuerdan (¡gracias, de corazón!) algo fundamental: más que medios o que ni siquiera remedios, son realmente re-medios. La abstinencia y la fidelidad no son herramientas ni mecanismos, como un preservativo u otro aparato, ahí sí llevan razón.  Toda la razón y, cuando se pongan intolerantes, en esto, al menos, les podremos aplaudir.

La abstinencia y la fidelidad, tan infalibles por supuesto para evitar esas enfermedades, son, antes que nada, la consecuencia natural de un amor verdadero muy sólido; y fruto, además, de una concepción concreta del ser humano y de su dignidad inalienable. Solo pasando por tales fines, de vuelta, terminan siendo medios, o sea, que, al ser de vuelta, son re-medios. Entonces sí, remedian, pero siempre de regreso. Si no se ha llegado hasta al amor y uno se ha instalado allí, no terminan de funcionar, en efecto. Se les podrían aplicar los versos de Rafael Alberti:  “Mi libertad es estar preso/ ceñido a ti, gustosamente./ Mi barco zarpa nuevamente/ para ir más lejos, de regreso”. Mucho más lejos y mucho más seguro.

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