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Wallace Stegner: Tratamiento para el desprendimiento de rutina

Wallace Stegner (1909-1993) es un novelista que da gusto leer. Profesor de creación literaria en las mejores universidades y maestro de escritores de peso (Raymond Carver, entre otros), sabía muy bien lo que se traía entre manos. Sus libros son un prodigio de estructura narrativa y de prosa transparente. Luego, la procesión va por dentro. 

Por Enrique García-Máiquez

Artículo publicado en la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Llevado por mi entusiasmo tras la lectura de El pájaro espectador (1976), propuse a Misión recomendar esta novela en esta sección. Como son tan buenos y me tienen tanta ley, dijeron que sí. Y ahora me encuentro con un problema. No porque la novela no merezca una recomendación fervorosa, que la merece de sobra, sino porque, para explicar mis razones, tendría que destripar el mecanismo que Stegner ha elaborado con precisión de relojero y astuta psicología. Sus novelas siempre ejemplifican la perspicacia de Soren Kierkegaard cuando advertía que se vive hacia adelante, pero que se comprende hacia atrás.

¿Podría pedirles a ustedes la misma fe que a la revista Misión? Podría, pero no debo, porque ellos son mis colegas (el mismo equipo), mientras que ustedes son nuestros lectores y no cabe exigirles complicidad, sino algo de curiosidad (¡gracias!) y mucha exigencia (¡muchas gracias!).

Se me ocurre una solución de compromiso. En el texto principal de la página (en este) expondré que es un libro bueno que se merece una oportunidad, y en el recuadro destacado haré un medio spoiler, avisado desde el título, explicando por qué es un libro extraordinario.

Haciéndolo así no haré más que imitar, en la medida de mis posibilidades, el método de Stegner. Él, seguro de sus medios, alarga todo lo que puede los comienzos de sus novelas y tarda muchísimo en ofrecernos el desenlace, siempre sorprendente: una vuelta de tuerca que nos aprieta el corazón.
Esa característica formal es tan propia de Stegner como su interés por los personajes corrientes y los hechos comunes. Resulta muy fácil ver reflejadas nuestras vidas normales en sus personajes y en sus tramas.

En consecuencia, Stegner resulta un gran analista de las relaciones personales (matrimonio, amistad, compañerismo) de largo aliento temporal. Sus historias podrían utilizarse como material de primera calidad para esos casos que se estudian en los cursos de orientación familiar.  Terminan provocando siempre un inesperado desprendimiento de rutina. Tras leerlos, nos miramos y nos vemos con inesperada claridad. El amor, siempre al fondo.

Un spoiler a medias

El tema de la novela parece ser la vejez. Su protagonista es un jubilado que pasa por la crisis de la tercera edad, malhumorado e hipocondríaco, hilarante. Su estado de ánimo recae sobre su estado civil, haciendo un cuadro de la vida matrimonial con tanto cariño como trifulcas. Hasta ahí, la novela tiene interés.

Gana más cuando el presunto protagonista encuentra el diario de un viaje de años atrás y empieza a leerlo en voz alta con su mujer cada noche. La novela se desdobla en presente y pasado. Saltan chispas por el contraste, y la historia duplica su interés.

Pero al borde de las últimas páginas, el lector descubre, deslumbrado, que el verdadero protagonista ha sido siempre la esposa, más inteligente, hermosa, enamorada y todavía más buena de lo que nosotros y, sobre todo él, había imaginado.

Esto es un spoiler, sí, pero solo a medias, porque ese descubrimiento nos sucede a casi todos los maridos del mundo. Al final, lo importante siempre empieza a partir de ahora.

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