En la bisagra de la vida
Tengo un compañero de fatigas que apenas levanta cuatro palmos del suelo. Me acompaña a Misa por las mañanas y a base de costumbre sabe ya responder con la asamblea mejor que muchos adultos. Guarda la fila de la Comunión diligentemente, pasito a paso, y, como es debido, se enfada si el cura, por despiste, no le da su esperada bendición.
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