Es miembro de la más arraigada aristocracia europea, los Habsburgo, la cual marcó el destino de Europa durante 800 años. Sus antepasados reinaron en Alemania, Austria, Hungría o España (con Carlos v y Felipe II). Sin embargo, él nunca se imaginó que algún día se convertiría en “estandarte” del legado familiar, con sus escritos y conferencias, y mucho menos que sería embajador de Hungría ante la Santa Sede. Antes de ser diplomático trabajó en televisión, fue productor, guionista y hasta portavoz de un obispo. Pero para el archiduque Eduardo de Habsburgo-Lorena su principal credencial es su fe católica: ”Si cada uno de nosotros se decidiese a ser santo, le abriría una puerta a Dios para que cambie el mundo”, reclama en esta entrevista con Misión.